Revisen sus sueldos señorías
Mi abuela escuchaba el “parte” pegada a la
radio para saber qué pasaba más allá de las fronteras de su pueblo. Las
comparecencias de nuestros gobernantes, a las que me cuesta acudir, adolecen de
una transparencia informativa que desbarata la paciencia. Por mucho que Sánchez
nos hable como si fuéramos feligreses de su parroquia, o que la Montero enlace
una frase con otra hasta perderse en el mapa de las derivadas, no hay modo de
entender si van o vienen; lo único positivo es que no hay futbol, y cuando
hablan no dicen muertos y muertas, infectados e infectadas, médicos y médicas.
Por fin lo esencial ha barrido lo trivial. Me gustaría pensar que esa moqueta mullida que
pisan nuestros políticos no ha impedido que el suelo se mueva bajo sus pies
ante el terremoto que estamos viviendo. Dicen que no es el momento de levantar las
alfombras, y creo que tienen razón, pero quizás si lo sea de pedirles a sus
señorías que revisen sus sueldos. En la
televisión de otros países europeos, lo de la comunicación lo llevan a
rajatabla. Ayer vi un centro logístico con más de cien personas coordinando los
hospitales alemanes. Un mapa lleno de lucecitas rojas y verdes indicaba donde
había UVIS disponibles, en cual faltaba material, y el que tenía falta
internistas. Cada persona sentada al ordenador coordinaba los sectores
estratégicos del país con una racionalidad asombrosa. Me sentí desarmada. Le llamé a mi hija a la que extraño con un
dolor de puñal, y le dije que si hubiera podido elegir un lugar para pasar este
horror me hubiera quedado con su exilio alemán. <<Pero ama, aquí no
cantan en los balcones>> Después de tragar saliva le dije que quien canta
su mal espanta y que le quería. El virus es un mal nacido microscópico, con el
que tendremos que convivir bajo sus impertinentes reglas, cuidándonos de que no
se nos cuele en su padecimiento insolidaridades, o esos modos primitivos que
nacen de la desesperación. A la imagen, la superficie, la estética, y los
abdominales, tiranos hasta hace un mes, en una sociedad que despreciaba el
conocimiento, se les ha cerrado el escenario. La
ciencia y la tecnología, han venido para quedarse y los políticos deberán
invertir menos en imagen y más en sanidad, investigación y logística, bajándose
los sueldos, yendo en metro a trabajar, y viviendo con decencia porque se ha
acabado justificar lo injustificable. Estos días, al acostarme, pienso en John
Lennon y en esa preciosa canción que compuso; “Imagine”. Me dan ganas de
escribir otra donde todas las cosas puedan llamarse por su nombre.

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