domingo, 5 de abril de 2020







 Revisen sus sueldos señorías

 Mi abuela escuchaba el “parte” pegada a la radio para saber qué pasaba más allá de las fronteras de su pueblo. Las comparecencias de nuestros gobernantes, a las que me cuesta acudir, adolecen de una transparencia informativa que desbarata la paciencia. Por mucho que Sánchez nos hable como si fuéramos feligreses de su parroquia, o que la Montero enlace una frase con otra hasta perderse en el mapa de las derivadas, no hay modo de entender si van o vienen; lo único positivo es que no hay futbol, y cuando hablan no dicen muertos y muertas, infectados e infectadas, médicos y médicas. Por fin lo esencial ha barrido lo trivial.  Me gustaría pensar que esa moqueta mullida que pisan nuestros políticos no ha impedido que el suelo se mueva bajo sus pies ante el terremoto que estamos viviendo.  Dicen que no es el momento de levantar las alfombras, y creo que tienen razón, pero quizás si lo sea de pedirles a sus señorías que revisen sus sueldos.      En la televisión de otros países europeos, lo de la comunicación lo llevan a rajatabla. Ayer vi un centro logístico con más de cien personas coordinando los hospitales alemanes. Un mapa lleno de lucecitas rojas y verdes indicaba donde había UVIS disponibles, en cual faltaba material, y el que tenía falta internistas. Cada persona sentada al ordenador coordinaba los sectores estratégicos del país con una racionalidad asombrosa. Me sentí desarmada.  Le llamé a mi hija a la que extraño con un dolor de puñal, y le dije que si hubiera podido elegir un lugar para pasar este horror me hubiera quedado con su exilio alemán. <<Pero ama, aquí no cantan en los balcones>> Después de tragar saliva le dije que quien canta su mal espanta y que le quería.    El virus es un mal nacido microscópico, con el que tendremos que convivir bajo sus impertinentes reglas, cuidándonos de que no se nos cuele en su padecimiento insolidaridades, o esos modos primitivos que nacen de la desesperación. A la imagen, la superficie, la estética, y los abdominales, tiranos hasta hace un mes, en una sociedad que despreciaba el conocimiento, se les ha cerrado el escenario.   La ciencia y la tecnología, han venido para quedarse y los políticos deberán invertir menos en imagen y más en sanidad, investigación y logística, bajándose los sueldos, yendo en metro a trabajar, y viviendo con decencia porque se ha acabado justificar lo injustificable. Estos días, al acostarme, pienso en John Lennon y en esa preciosa canción que compuso; “Imagine”. Me dan ganas de escribir otra donde  todas las cosas  puedan llamarse por su nombre.  



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