ELENA MORENO SCHEREDRE
Tercera
fase; la aceptación.
Por
mucho que me empeñe en mirar para otro lado los rumores se cuelan bajo las
puertas, y entran por las ventanas. La presidenta de la Comisión Europea,
empieza a dar pautas de comportamiento para los habitantes de este continente
cansado que no acaba de encontrar su paso de baile, recomendando poco menos que
no compremos cremas de protección solar
para este verano. El Fondo Monetario
Internacional escucha a los epidemiólogos del mundo, que apuntalan las previsiones
macro económicas aconsejando a las naciones que inviertan en sanidad, mientras
la Organización Mundial de la Salud advierte que no pensemos en una vacuna
antes de doce meses. Si no estuviera en la fase de aceptación me
pondría a llorar, porque a veces me sucede que cualquier tontería desencadena
mis lacrimales sin motivo alguno. En los telediarios, escucho sin pestañear las
cifras de víctimas, convertidas en estadísticas y algoritmos, e
inexplicablemente, cuando veo lo mal que le sientan las chaquetas al
vicepresidente del gobierno me pongo a llorar sin consuelo. Me da la risa
cuando veo que se sigue gastando dinero en encuestas, previsiones de voto y
salarios para congresistas, secretarios, subsecretarios y senadores, validando
la certeza de que los periodistas autónomos, sin pesebre ideológico, tenemos
derecho y hasta deber de tener pataletas demagógicas, aunque no estén previstas
en el calendario institucional. Los
países de Europa, más afectados por esta inmisericorde pandemia han encontrado
consuelo en la música, y las canciones
elegidas parecen un reflejo poético del carácter de quienes las entonan.
Nosotros tenemos “Resistiré” cuyo estribillo me pone de los nervios y que dice “Resistiré
para seguir viviendo. Soportaré los golpes y jamás me rendiré. Y aunque los
sueños se me rompan en pedazos. Resistiré”. Todo un manual de resistencia la
cancioncita de marras. En Italia, donde también andan con el corazón roto
cantan “Facciamo finta che” cuyo
estribillo se adapta bien a ese maravilloso país hermano al que siempre le cayeron
las prendas como un guante y que viene a decir…” Finjamos, o hagamos como
que todo va bien, que todo va bien Finjamos que todo va bien” Y por fin, nuestros vecinos franceses, un
poco antes de las ocho, se asoman a las ventanas y cantan para no
decepcionarnos nada menos que una
canción llamada “La tendresse”, es decir, la ternura, cuya letra no tiene
desperdicio, porque pregonan que podrán vivir sin riqueza ni gloria, pero jamás
sin ternura. No se lo creen ni ellos, pero su amour courtois no podía
defraudar.
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